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GUARRERÍA

La higiene es una obsesión. No es una obligación. Ducharse diariamente raya en la obsesión, Una gran parte de la población seguramente lo siente así. No ocurría de esta manera en otros tiempos. Recuerdo el olor a humanidad y sudor que se percibía en recintos públicos en los años cuarenta y cincuenta. En los vagones del metro, por ejemplo. Y en los cines, donde el acomodador aparecía por el pasillo central pulverizando desodorante. Ya en general constituimos multitudes inodoras. Pero persiste el hábito de tirar papeles al suelo en lugares públicos, a pesar del gran aumento  de papeleras, sobre todo en las calles. En bares y cafeterías, las servilletas de papel, huesos de aceitunas, palillos de dientes y restos diversos de aperitivos orlan con frecuencia el pie de los mostradores: una guarrería. Está claro que abstenerse de usar las papeleras no es una obsesión. Es una cómoda y autocomplaciente despreocupación.
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PREGUNTAS

¿ADÓNDE VAN ESAS ENCINAS,
TAN PARADAS?
TAN FIJAS A LA TIERRA,
TAN AGARRADAS,
¿HACIA DÓNDE MARCHAN?

Y ESOS PRUNOS EN FLOR
EN VESTIDO DE FIESTA,
¿QUÉ CANCIÓN CANTAN?

INTENSO SILENCIO DE UNA
A OTRA ARBOLEDA LLEGA.
EL DÍA SE APAGA
MIENTRAS BRONCOS, ATERRADOS
PERROS, LADRAN A LA NADA.


José Siles Artés

DESOLVIDO

Se olvidan las vivencias, las experiencias, los sucesos más o menos protagonizados. El tiempo avanza y la desmemoria va inexorablemente borrando, desdibujando nuestro pasado.             Los hechos, las circunstancias, el escenario y las personas integrantes de los recuerdos son todos vulnerables, progresivamente, al hacha de la desmemoria.             ¿Adónde van a parar esos recuerdos que vamos perdiendo? ¿Hay algún lugar de nuestra conciencia, de nuestro subconsciente, donde vayan cayendo? ¿Y quedan allí definitivamente sepultados?             ¿O existe una región, una especie de limbo, donde nuestras experiencias pasadas se van depositando íntegramente y viven frescas como antaño?             Me hago estas preguntas a raíz de un sueño que he tenido recientemente. Soñé con un conflicto que, en mi calidad de funcionario, tuve con la Administracion. Sufrí mucho, porque creía llevar razón en algo que me afectaba sobre manera. El asunto se resolvió algún tiempo después y, pasados los años…

DESAYUNANDO EN COMPAÑÍA

La hora del desayuno fuera de casa, en compañía sobre todo, puede ser uno de los ratos más agradables del día.             Sienta bien comunicarse, compartir, intercambiar impresiones y opiniones, conversar de lo que se tercie. Pero parece  que ya el factor compañía no es indispensable. Como parece ocurrir con esta chica tan sonriente, sentada en la terraza de un bar, que da cuenta de un panecillo untado de aceite de oliva, mientras alternativamente habla o escucha al móvil que tiene frente a sí, apoyado en el servilletero. Y aún se me ocurre una pregunta: ¿Estará charlando con alguien que también está desayunando en este momento?

LIBROS

Noventa años tiene mi amigo, que ha pasado unos días en el hospital. En su propia casa se cayó, pero no tiene ninguna rotura de huesos. No se podía levantar y tuvieron que llamar a la teleasistencia. Lo atendieron maravillosamente.             -¿Tienes el avisador de la teleasistencia? –me pregunta.             -No.             -Debes solicitarlo, es muy aconsejable –me recomienda.             Le agradezco el consejo, porque tengo casi su edad, pero no me apetece.             -¿Qué vas a hacer con tus libros? –le pregunto luego. Tiene una pequeña, pero selecta biblioteca.             -Quisiera venderla.             -Te ofrecerán una miseria.             -Ya. ¿Y tú? ¿Qué vas a hacer con los tuyos?             -Los regalaría a algún amigo, pero no veo interés. No es como antes. Ahora, con el internet,  puedes tener libros sin que te roben espacio.             -Qué frustración, ¿no?             -Total.

ESPERANZA AGUIRRE

Dimitió. Dimitió por fin. Dimitió con humildad… Se equivocó; no cumplió con su deber de asegurarse de la honradez de sus subordinados... La dio por supuesta, al parecer.               Mujer arrogante, siempre dando lecciones, siempre fustigando al político de signo contrario.             Política de lengua mordaz, su voz era inflada, su tono desafiante. Hablaba desde el dominio de la verdad y la justicia.             En tocado y vestimenta, siempre niña mona, su espejito y su barra de labios a mano. En una foto, ya antológica, Dª Esperanza se está retocando los labios, mientras varios de sus colaboradores más cercanos la contemplan.                                                                                                                ¿Volverá por sus fueros la Esperanza prepotente? Los jarrones chinos tienen mal arreglo.

EL DON DE ENTRETENER

¿Por qué una novela triunfa arrolladoramente?  La pregunta, a primera vista, es de Perogrullo. Triunfa la novela que tiene valor, la que tiene calidad, principio sin el cual, en el arte no se puede descollar. Sin embargo, la gran mayoría de las novelas no llegan a ser éxitos estruendosos. Obtienen una aceptación discreta o pasan casi desapercibidas, y no obstante, algunas, artísticamente hablando, poseen una calidad indudable. Nos detenemos a buscar una explicación y, por mucho que nos parezca injusto, se nos hace patente que la calidad, la excelencia de la materia, de la escritura en este caso, aunque sea reconocida, no es garantía única de éxito. Y simultáneamente nos salta a la vista el factor “enganche”, consistente en poder atrapar  el interés del lector. Su contundente eficacia puede inclinar la balanza hacia el éxito, haciendo pasar por alto deficiencias estéticas, algo que a los  narradores en general les cuesta entender. ¿Será que el arte de entretener es más raro que el arte…